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Interactividad: oportunidad vs amenaza

marzo 11, 2009

El debate está servido. Cada vez son más los periódicos digitales, portales de noticias y redes de marcadores sociales que se apuntan a una de las nuevas herramientas que ofrece Internet en materia de comunicación entre usuarios: la interactividad. Vista por algunos como una amenaza a la labor periodística profesional, por otros como el primer paso hacia el mal llamado “periodismo ciudadano”, y para unos últimos como un simple avance en las posibilidades de interacción de aquellos usuarios que acceden a Internet para informarse.

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Sin embargo, e independientemente de lo que se pueda opinar al respecto, no conviene confundir términos o integrar todas las posibilidades interactivas dentro del mismo saco, puesto que existen numerosas diferencias entre ellas.

 No es lo mismo recurrir a un periódico digital, en el que el usuario que accede tiene la seguridad de que la información ha sido elaborada por profesionales que, tal y como les obliga su ética profesional, habrán recurrido con seguridad a fuentes contrastadas y fiables (las cuales deben ser siempre, al menos, mencionadas); que entrar en una red de marcadores sociales de noticias, en las que desde un primer momento se debe ser consciente de que las noticias son elaboradas por gente no profesional, que elabora informaciones desde su casa, pero que no es periodista, ya que  sólo pretende compartir información que considere de interés.

En este sentido, no hay más que acceder a diferentes ejemplos en la red para ser conscientes de esta realidad. En su caso, el diario Público en su versión digital es uno de los periódicos que ofrece dejar comentarios de las noticias, según su política de participación ciudadana.

 Sin embargo, es necesario estar registrado antes de poder comentar en las noticias, siendo el periódico libre de eliminar los comentarios que considere insultantes o difamatorios. Asimismo, este periódico digital ofrece la posibilidad de valorar las noticias, así como comentar en los blogs relacionados con el portal sin necesidad de registrarse previamente. La aparición de encuestas en la página principal del portal es otro de sus puntos fuertes.

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El portal de noticias de Terra supone un paso intermedio en las posibilidades de participación. Aunque no permite realizar comentarios en las noticias, el usuario puede participar respondiendo la pregunta del día o participando en sus foros y chats, en los que puede registrarse de forma rápida y sencilla.

Finalmente, el marcador social de noticias Meneame permite una interactividad total, de modo que las noticias son elaboradas y enviadas por los usuarios, que pueden, a su vez, votar las mejores noticias e intercambiar impresiones sobre las mismas. Además, uno de los aspectos más destacados de la página es que integra en la página principal una relación de las noticias y sitios más votados.

Por tanto, Internet ofrece cada vez más posibilidades de interacción entre los usuarios y el medio. Ello no implica que estos usuarios vayan a suplantar en un futuro la labor periodística profesional. Simplemente implica el constante diálogo e intercambio de información entre los usuarios de la red. Porque todo el mundo tiene algo que decir, y debe tener la oportunidad de hacerlo. Los que se empeñen en seguirlo viendo como una amenaza, allá ellos.

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La publicidad como principio, ¿y también como fin?

marzo 8, 2009

Vivimos en la era de la publicidad. Aunque no se pueda hablar de publicidad y éxito como sinónimos, sí es cierto que, en muchos casos, una buena estrategia publicitaria asegura buenos resultados en la promoción de diversos organismos, instituciones, que van desde un partido político hasta una banda de música, pasando por una empresa de alimentación o de coches.

Todo se compra y todo se vende: materia y no materia, artículos de todo tipo, sensaciones, experiencias, rumores y detalles íntimos. Tal y como muestra la realidad cotidiana de los medios, todo parece tener un precio.

 

En el concreto ámbito de la red, la publicidad ha jugado un papel de gran importancia que ha ido creciendo con el paso de los años, años que no son muchos, por otra parte. Lo que hace pensar que asistimos a un fenómeno que va en imparable aumento y que producirá grandes éxitos de lo más inesperados, que abaratará los costes de promoción y que, asimismo, multiplicará la competitividad de los que buscan vender una idea, un producto, una historia o una canción. Internet es una herramienta óptima para los que buscan promoción a escala internacional o local, para los que quieren expandirse, buscando nuevos públicos.

Es verdad que no todo el mundo dispone aún de ordenador, y que subir contenidos propios y, especialmente, en el ámbito de las artes y la investigación, puede suponer numerosas controversias y problemas de tipo legal debido a los polémicos derechos de autor. Sin embargo, no restringir la información es precisamente la manera de ser visible en Internet.

Si dejamos que la gente descargue nuestro corto, nuestra serie, nuestra canción, no estaremos obteniendo beneficios a corto plazo, pero estaremos abriendo las puertas al mercado de la red, optanto por una forma de publicidad gratuita con amplias posibilidades.

En cualquier caso, los derechos de autor no deberían generar controversia fuera de los límites establecidos por la ley, si bien es cierto que muchos artistas necesitan de mayores protecciones legales contra aquellos que pretenden lucrarse a través de la distribución de productos que deberían haber adquirido, en un principio, para su simple y exclusivo disfrute personal.

 Es decir, por poner un ejemplo, si te descargas una película desde tu ordenador, no estás cometiendo una ilegalidad siempre y cuando te limites a reproducirla para tu propio disfrute, y sin ningún tipo de aspiración de negocio. Desde el momento que la copias en múltiples formatos y comienzas a venderla, tu labor deberá ser inevitablemente perseguida y castigada.

 

Uno de los casos particulares que más ha llamado la atención recientemente es el del grupo Russian Red, pseudónimo de Lourdes Hernández, cantante del grupo, que se decidió a grabar un vídeo casero en el que cantaba con look y actitud a medio camino entre el desenfado y la melancolía su tema de presentación, Cigarettes. Tras colgar su vídeo en la plataforma MySpace, experimentó un notable éxito que la ha llevado a realizar una gira de conciertos por todo el territorio nacional, y con expectativas de expansión a otros países.

Todo un acierto de reducidos costes publicitarios. Una chica que podría estar agotando su voz en el metro y que, sin embargo, ahora recorre multitud de ciudades expandiendo su melodía entre el circuito musical independiente, y con el apoyo de la crítica especializada. Además, la red le ha supuesto más posibilidades de publicitación gratuita mediante otras páginas web creadas por fans, que se han propuesto compartir el fenómeno a la vez que fomentan que su voz sea escuchada por un número de personas en imparable aumento.

En definitiva, la red dispone múltiples posibilidades que, por otra parte, ayudan a darse a conocer a aquellos que no tienen suficiente dinero para aparecer en todas partes y “comerse” al público apareciendo hasta en la sopa. El futuro queda en manos de los contenidos que sean capaces de generar los públicos, y de los usos de éstos que integren los medios.

La competición está servida, y siempre quedará un espacio para preguntarse si, en este mundo de acoso publicitario, la publicidad es sólo una necesidad, o es el fin de casi cualquier emprendimiento. ¿Acaso no se trata de vender una imagen, de ganar notoriedad, de resurgir de entre las cenizas de la mediocridad y el anonimato para hacerse escuchar, de ser recordado por algo? Pues sí, podría ser que así sea.

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Internet, profesora de la globalización

marzo 1, 2009

Bill Gates ha empezado bien el día. Después de un desayuno de lujo, abandona su mansión kilométrica para desplazarse en su vehículo de infarto con el objetivo de no llegar tarde a su entrevista. Bill Gates, el llamado profeta de la era de la información, saluda al mundo, sonríe avaricioso y suelta su gran perla: “La red hará posible el capitalismo puro”. El creador de Microsoft Windows está orgulloso de sí mismo. Tras el apoyo de las guerras y las multinacionales, grandes aliadas de la globalización, el mundo occidental gana, ordena y manda.

 

En palabras de Gates, “el consumidor puede elegir al mejor producto al precio más económico a escala mundial”. Sin embargo, cabría plantearse algunos “agujeros” de información en tales afirmaciones, como por ejemplo: ¿A qué consumidor se está refiriendo? ¿En qué continente vive? ¿Cuál es su renta? Además, y a niveles aún más profundos, podríamos llegar a preguntarnos: La raza humana, ¿por quiénes está compuesta? ¿Por consumidores o por personas?

Cierto es que el capitalismo trata a las personas con total indiferencia, convirtiéndolas en clientes, o, como diría Gates, en consumidores. Sin embargo, aparentemente nos permite las oportunidades de prosperar, a través del trabajo, el esfuerzo, y la suerte, siempre y cuando no tengamos que preocuparnos porque no sabemos si podremos cenar algo cuando caiga la noche, o si tendremos dónde pasarla. Gates, por su parte, no duda en echar un “cable” a las desigualdades evidentes en el reparto de riquezas a nivel mundial.

 La fundación Bill y Melinda Gates ha donado en los últimos años más de diez mil millones de dólares en proyectos humanitarios y caritativos, luchando contra el hambre y las enfermedades en los países que todavía no pueden ni siquiera plantearse conectarse a la red. Ello ha sido reconocido, entre otros casos, con la concesión a la multimillonaria pareja del Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional 2006.

En cualquier caso, y aunque no se pueden dejar de agradecer tales ayudas, lo cierto es que resulta frívolo en exceso hablar de Internet como un medio capaz de conectar al mundo, teniendo en cuenta la realidad en la que todavía nos encontramos. Si fuéramos más concretos, podríamos atrevernos a afirmar sin equivocarnos que Internet puede poner en contacto instantáneo en la actualidad, al menos, a una parte del mundo.

Sólo hay que echar un vistazo a la lista que recoge los países con mayor número de usuarios de Internet para hacernos una idea del fenómeno al que estamos asistiendo. Ningún país del continente africano incluido en la lista. Con una población de unos 933 millones de personas, tan sólo 33 (menos de la población de España) pueden acceder a Internet en el continente más pobre del mundo. Un 3% de usuarios con respecto a los conectados en todo el mundo. Además, y aunque es cierto que el porcentaje de crecimiento de las conexiones entre 2000 y 2007 es espectacular (640,3%), parece que en África todavía tienen problemas más importantes de los que preocuparse.

 

 No se trata del hermanamiento tecnológico de los ciudadanos del mundo. Asistimos a la conexión de los privilegiados, que, por su parte, asumen ese intercambio de información y las múltiples posibilidades de vivir “a través del ordenador”, a cambio de aceptar un progresivo deterioro y enfriamiento de las relaciones humanas.

  Un buen ejemplo de ello es el terreno de la educación, en la que el profesor es sustituido progresivamente por la máquina que todo lo resuelve, fabricando alumnos modélicos que manejan ordenadores a la perfección antes de aprender con soltura a leer y escribir. El ordenador te guía, te explica y te resuelve las dudas.

Todos delante de la pantalla, absortos ante su brillo, sus mensajes y su inmediatez. Sin ponernos apocalípticos, Internet avanza en multitud de aspectos de la vida diaria en los que quizá no sería conveniente que avanzara, a pesar de constituir una herramienta muy útil como complemento de todo lo adquirido en los centros educativos.

De esta forma, la heterogénea y, por tanto, enriquecedora, influencia de los diversos profesores que pasan por delante de un alumno a lo largo de su vida académica –teniendo en cuenta que este contacto humano también puede producir puntuales influencias negativas y pérdidas de tiempo, de las que nunca está de más aprender- se ve reemplazada por la homogénea influencia del ordenador, que sumerge al alumno en océanos de información, incluyendo informaciones tanto erróneas como verdaderas, aconsejables y también peligrosas. En definitiva, lo humano frente a la máquina.

La web supone información, dinero, e incluso para muchos felicidad. Algunos aprovechan con gran inteligencia y avaricia las ventajas que aporta la globalización, soñando con hacerse ricos con ella, alcanzando la felicidad en sus alienantes sueños. Bill Gates puede respirar tranquilo. Mientras tanto, otros acuden a la red como un complemento, como un medio de comunicación, como un entretenimiento más, aprovechando para descansar a ratos en los que volver a enfrentarse con la realidad, y así poder descender de nuevo al mundo real.

 

 

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Inocencia morbosa

febrero 21, 2009

Los medios no son inocentes. Si algo ha demostrado la feroz competencia de audiencias especialmente en los últimos años, es que los medios están dispuestos a casi todo. La joven sevillana Marta del Castillo, desaparecida hace todavía menos de un mes, se ha colado en los hogares de miles de personas a través de imágenes, vídeos, testimonios, entrevistas, y, quizá lo más degradante, reconstrucciones de los hechos más que censurables realizadas por algunos medios que parecen carecer de cualquier tipo de ética profesional.

La recopilación morbosa y despiadada de información prescindible, rica en detalles propios del peor humor negro, sin embargo, no es algo nuevo. Así lo demuestran los seguimientos mediáticos realizados a propósito de anteriores casos de características similares en España. Sucesos como la matanza de Puerto Hurraco, en agosto de 1990; el secuestro y asesinato de las llamadas “niñas de Alcásser”, en enero de 1993; el brutal asesinato de la joven Sandra Palo, en mayo de 2003; y el reciente asesinato de la niña de Huelva Mari Luz Cortés, en enero de 2008, son los máximos y más cercanos precedentes de lo que ha ocurrido en los medios a propósito del asesinato de la joven sevillana.

Reportajes en las casas, reconstrucciones dramatizadas de los hechos, pasando por miniseries y todo tipo de entrevistas que buscaban hasta el más mínimo detalle del desenvolvimiento de la tragedia, son algunas de las perlas que los medios habían ofrecido hasta ahora en los anteriores casos, sumándose, en este último, la acción paranoica y absolutamente premeditada de las “campañas de búsqueda” realizadas en las redes sociales, especialmente la red Tuenti.

Desde la desaparición de Marta, el 24 de enero de este mismo año, esta red social se vio colapsada por la creación de todo tipo de eventos destinados a efectuar una búsqueda imposible de la joven, ya que, como se demostrara unas semanas después, su fallecimiento se había producido la misma noche de su desaparición.

 

Más allá de los usos policiales de la mencionada red social, se ha procedido a destripar las cuentas que tenían en la misma los relacionados en el caso, especialmente el de Miguel Carcaño, asesino confeso de la joven. Por tanto, el espacio mediático nacional ha sido testigo de diversas imágenes privadas de varios jóvenes, entre los que se encontraban varios menores de edad.

Así, cabe preguntarse, ¿dónde queda el derecho a la intimidad individual? ¿Hasta dónde están dispuestos a llegar los medios por acaparar audiencia? ¿Hasta dónde se extiende el deleznable morbo del público, ávido de conocer detalles del todo insignificantes, con el triste y único objetivo de poder horrorizarse un poco más?

La periodista Nieves Herrero asistió al desmoronamiento de su carrera profesional con su visita a Alcásser, donde realizó un programa especial en compañía de familiares y vecinos, para mostrar al público unos minutos cargados de lágrimas y gritos que pedían justicia (y en algunos casos hasta se atrevían a gritar en favor de la pena de muerte).

 Lo mismo podría (y debería) ocurrir ahora con presentadores como Ana Rosa Quintana o Nacho Abad, responsable del programa “Rojo y Negro” de Telecinco, que tuvieron el valor de llevar al plató a la actual novia del supuesto asesino, Miguel Carcaño, para que les relatara los detalles de los últimos días de convivencia con el joven. Independientemente de que esos detalles pudieran interesarle a alguien (espero que no), el resultado no dejó de ser, una vez más, vergonzante. El siguiente vídeo muestra la triste reconstrucción de los hechos ocurridos la tarde de la desaparición de Marta, realizados con mucha sangre fría por “profesionales” de Rojo y Negro:

Paralelamente, y pese a la acumulación de casos, la justicia no parece dispuesta a actuar eficazmente, debido en gran parte a un sistema judicial suave en exceso en la penalización de estos casos. Sin ir más lejos, uno de los asesinos de Sandra Palo, asesinada en 2003, ya se encuentra en libertad,  tras cumplir una ínfima condena de tan sólo cuatro años, pese a haber perpetrado un brutal asesinato en el que la víctima había sido torturada y quemada viva.

El debate sobre los medios continúa vigente. Hay quienes dicen que la culpa de todo la tienen los medios, otros dicen que la responsabilidad cae sobre el público que consume este tipo de contenidos, otros gritan por la justicia y algunos más callan asustados. Sin embargo, los casos se repiten y la situación continúa igual, e incluso empeora si tenemos en cuenta el activo papel desempeñado en este último episodio por la red social Tuenti.

 Enric González, en una columna de opinión publicada en “El País” el pasado 18 de febrero, afirma que “el seguimiento mediático no tiene nada que ver con el periodismo. Es espectáculo y entretenimiento, generalmente de mal gusto, pero no es periodismo”.

En definitiva, y aunque Enric González tenga razón, o al menos de forma parcial, lo que no se puede negar es que hasta los medios más serios, aún sin ofrecer detalles morbosos, sino dedicándose a la información pura y a su análisis, han formado parte del juego mediático establecido alrededor de una nueva tragedia, convirtiendo el suceso en un tema de interés nacional, y aprovechando de paso para desviar la atención de otros tema de mayor trascendencia para la población. Un simple vistazo al archivo digital de cualquier periódico nacional puede confirmar esta obsesión por la reciente tragedia:

¿Acaso conocemos de forma tan exhaustiva los detalles de la marcha de la crisis económica, o tenemos suficientes testimonios y entrevistas sobre el caso de corrupción destapado en el Partido Popular? No, claro que no, ya que resulta mucho más aconsejable que la gente pase la tarde revolviéndose en su asiento ante la reconstrucción de una tragedia puntual que conociendo los prolegómenos concernientes a aquellos que dirigen el país en el que viven.

Algunas de las fuentes a las que he recurrido para llegar a esta serie de conclusiones, además de las ya especificadas a lo largo del texto, han sido las siguientes:

http://www.youtube.com/watch?v=dmcbXJxvNQ8

http://es.wikipedia.org/wiki/Masacre_de_Puerto_Hurraco

http://es.wikipedia.org/wiki/Caso_Mari_Luz

http://mujeresonline.net/general/sandra-palo-un-caso-que-no-consigue-justicia-plena

http://es.wikipedia.org/wiki/Crimen_de_Alc%C3%A1cer

http://www.elpais.com/articulo/espana/Cientos/personas/arropan/Madrid/familia/Marta/Castillo/elpepuesp/20090221elpepunac_14/Tes

 

 

 

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El show de Google

febrero 15, 2009

 En plena era de la globalización y la invasión de intimidades (tanto de personas como de instituciones y empresas), Internet emerge como el mejor instrumento de acción y, por así decirlo, espionaje mutuo. Como la mirilla de la puerta de la vecina con rulos, bata de flores y zapatillas de andar por casa, Internet avanza más y más en la recopilación de todo tipo de información, ya sea interesante o no.

Usando a Google a modo de eficaz herramienta, la World Wide Web, creada y planteada por Tim Berners Lee para facilitar un sistema de libre circulación de información a nivel mundial, ha conseguido colarse atravesando una puerta tras otra de las muchas de este mundo occidental de amplias clases medias que han asumido sin rechistar lo que tantas veces se les ha repetido: “La tecnología es el futuro”.

El vídeo “Epic, ¿cómo será Internet hacia 2015?” propone una visión en cierto sentido apocalíptica acerca del futuro de la Web, así como del periodismo, o al menos del periodismo tal y como lo conocemos hasta hoy.

En la última década, la proliferación de avances en los buscadores, blogs, recopilatorios de noticias y redes sociales, sumada a una competencia feroz entre empresas, parece llevar hacia un caos absoluto de información, en el que el final del túnel aparece representado por una ex redactora del New York Times, Pinki Nankani, que comenzaría a partir del 2015 a ‘traficar’ con la información de sus vecinos. Algo así como la cotilla informatizada del futuro, con intereses profesionales de por medio, que se dedique desde su escritorio a terminar con el periodismo y la privacidad de los usuarios de Internet.

Sin embargo, no todo parece estar tan claro. De hecho, los creadores del vídeo, Robin Sloan y Matt Thompson, no hablan de este futuro como algo cierto o absolutamente esperable, pero sí apuntan que en las próximas décadas podríamos llegar a toparnos con situaciones similares. En cualquier caso, sus predicciones parecen bastante poco fiables, ya que hablar hoy por hoy del fin del periodismo no deja de ser un ejercicio bastante masoquista.

El periodismo no acabará por culpa de la proliferación de redes sociales o foros de opinión, y, aun perdiendo importancia, llegaría un momento en el que el caos informativo sería tal que la opinión pública se vería en la necesidad de recurrir a profesionales acreditados capaces de transmitir una información veraz y con la máxima objetividad posible.

 

Por otra parte, la especialización de los medios, e incluso de la publicidad, sí que podría plantear otra serie de dilemas más preocupantes. Por ejemplo: ¿Realmente es beneficiosa la especialización en cualquier campo? Y en caso de que lo sea, ¿beneficiosa para quién?

Con la creciente agrupación de las personas en categorías de gustos, preferencias, intereses y necesidades, por meros intereses publicitarios, lo que se podría terminar logrando en cuestión de unas pocas décadas es cultivar amplias generaciones de ignorantes. Personas ampliamente expertas en un determinado tema, pero carentes de cualquier tipo de información de un campo que no se ajuste a sus intereses previamente fijados en algún formulario.

 El público debe tener la oportunidad de acceder a los contenidos que más le interesen, e incluso se le debe facilitar en la medida de lo posible dicha tarea, pero ello no implica que se le deba alejar de informaciones que le proporcionen una visión general del mundo y lo que está ocurriendo en él.

Así, y sólo así, podremos conseguir que la gente esté informada y que las cosas funcionen poco a poco, ya que de lo contrario, con tanta especialización de contenidos, las personas podrían quedar reducidas a una masa desinformada, y, por tanto, fácilmente manipulable. Y esto, en principio, no debería interesarle a nadie.

Finalmente, Epic plantea el problema de la utilización de la red como una herramienta que posibilite el espionaje entre vecinos, y el robo sutil de información privada. Aunque no sea algo difícil de imaginar (de hecho, ya hoy en día existen varias redes sociales en las que la gente, por así decirlo, se dedica a vender su vida privada a cambio de obtener información similar de los demás), lo cierto es que cuesta imaginar ese mundo creado por Pinki Nankani, que tanto recuerda al universo de engaño y intimidad simulada recreado en “El show de Truman” (Peter Weir, 1998).

Puede que la sociedad, apegada a la tecnología desde hace años y de forma relativamente impuesta por el ritmo del mercado y el mandato consumista, avance progresivamente hacia un espacio de libre circulación de información, a pesar de que dicha información no sea siempre consentida o del todo consciente por parte de los cada vez más indefensos usuarios.

En cualquier caso, alguien que escriba en un foro, utilice una red social o lleve adelante un blog en Internet no se va a convertir en periodista de la noche a la mañana, ya que la información, por sí misma, exige respeto, comprobación, fuentes, capacidades comunicativas, juicio crítico, y, en definitiva, profesión.