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Internet, profesora de la globalización

marzo 1, 2009

Bill Gates ha empezado bien el día. Después de un desayuno de lujo, abandona su mansión kilométrica para desplazarse en su vehículo de infarto con el objetivo de no llegar tarde a su entrevista. Bill Gates, el llamado profeta de la era de la información, saluda al mundo, sonríe avaricioso y suelta su gran perla: “La red hará posible el capitalismo puro”. El creador de Microsoft Windows está orgulloso de sí mismo. Tras el apoyo de las guerras y las multinacionales, grandes aliadas de la globalización, el mundo occidental gana, ordena y manda.

 

En palabras de Gates, “el consumidor puede elegir al mejor producto al precio más económico a escala mundial”. Sin embargo, cabría plantearse algunos “agujeros” de información en tales afirmaciones, como por ejemplo: ¿A qué consumidor se está refiriendo? ¿En qué continente vive? ¿Cuál es su renta? Además, y a niveles aún más profundos, podríamos llegar a preguntarnos: La raza humana, ¿por quiénes está compuesta? ¿Por consumidores o por personas?

Cierto es que el capitalismo trata a las personas con total indiferencia, convirtiéndolas en clientes, o, como diría Gates, en consumidores. Sin embargo, aparentemente nos permite las oportunidades de prosperar, a través del trabajo, el esfuerzo, y la suerte, siempre y cuando no tengamos que preocuparnos porque no sabemos si podremos cenar algo cuando caiga la noche, o si tendremos dónde pasarla. Gates, por su parte, no duda en echar un “cable” a las desigualdades evidentes en el reparto de riquezas a nivel mundial.

 La fundación Bill y Melinda Gates ha donado en los últimos años más de diez mil millones de dólares en proyectos humanitarios y caritativos, luchando contra el hambre y las enfermedades en los países que todavía no pueden ni siquiera plantearse conectarse a la red. Ello ha sido reconocido, entre otros casos, con la concesión a la multimillonaria pareja del Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional 2006.

En cualquier caso, y aunque no se pueden dejar de agradecer tales ayudas, lo cierto es que resulta frívolo en exceso hablar de Internet como un medio capaz de conectar al mundo, teniendo en cuenta la realidad en la que todavía nos encontramos. Si fuéramos más concretos, podríamos atrevernos a afirmar sin equivocarnos que Internet puede poner en contacto instantáneo en la actualidad, al menos, a una parte del mundo.

Sólo hay que echar un vistazo a la lista que recoge los países con mayor número de usuarios de Internet para hacernos una idea del fenómeno al que estamos asistiendo. Ningún país del continente africano incluido en la lista. Con una población de unos 933 millones de personas, tan sólo 33 (menos de la población de España) pueden acceder a Internet en el continente más pobre del mundo. Un 3% de usuarios con respecto a los conectados en todo el mundo. Además, y aunque es cierto que el porcentaje de crecimiento de las conexiones entre 2000 y 2007 es espectacular (640,3%), parece que en África todavía tienen problemas más importantes de los que preocuparse.

 

 No se trata del hermanamiento tecnológico de los ciudadanos del mundo. Asistimos a la conexión de los privilegiados, que, por su parte, asumen ese intercambio de información y las múltiples posibilidades de vivir “a través del ordenador”, a cambio de aceptar un progresivo deterioro y enfriamiento de las relaciones humanas.

  Un buen ejemplo de ello es el terreno de la educación, en la que el profesor es sustituido progresivamente por la máquina que todo lo resuelve, fabricando alumnos modélicos que manejan ordenadores a la perfección antes de aprender con soltura a leer y escribir. El ordenador te guía, te explica y te resuelve las dudas.

Todos delante de la pantalla, absortos ante su brillo, sus mensajes y su inmediatez. Sin ponernos apocalípticos, Internet avanza en multitud de aspectos de la vida diaria en los que quizá no sería conveniente que avanzara, a pesar de constituir una herramienta muy útil como complemento de todo lo adquirido en los centros educativos.

De esta forma, la heterogénea y, por tanto, enriquecedora, influencia de los diversos profesores que pasan por delante de un alumno a lo largo de su vida académica –teniendo en cuenta que este contacto humano también puede producir puntuales influencias negativas y pérdidas de tiempo, de las que nunca está de más aprender- se ve reemplazada por la homogénea influencia del ordenador, que sumerge al alumno en océanos de información, incluyendo informaciones tanto erróneas como verdaderas, aconsejables y también peligrosas. En definitiva, lo humano frente a la máquina.

La web supone información, dinero, e incluso para muchos felicidad. Algunos aprovechan con gran inteligencia y avaricia las ventajas que aporta la globalización, soñando con hacerse ricos con ella, alcanzando la felicidad en sus alienantes sueños. Bill Gates puede respirar tranquilo. Mientras tanto, otros acuden a la red como un complemento, como un medio de comunicación, como un entretenimiento más, aprovechando para descansar a ratos en los que volver a enfrentarse con la realidad, y así poder descender de nuevo al mundo real.

 

 

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