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El show de Google

febrero 15, 2009

 En plena era de la globalización y la invasión de intimidades (tanto de personas como de instituciones y empresas), Internet emerge como el mejor instrumento de acción y, por así decirlo, espionaje mutuo. Como la mirilla de la puerta de la vecina con rulos, bata de flores y zapatillas de andar por casa, Internet avanza más y más en la recopilación de todo tipo de información, ya sea interesante o no.

Usando a Google a modo de eficaz herramienta, la World Wide Web, creada y planteada por Tim Berners Lee para facilitar un sistema de libre circulación de información a nivel mundial, ha conseguido colarse atravesando una puerta tras otra de las muchas de este mundo occidental de amplias clases medias que han asumido sin rechistar lo que tantas veces se les ha repetido: “La tecnología es el futuro”.

El vídeo “Epic, ¿cómo será Internet hacia 2015?” propone una visión en cierto sentido apocalíptica acerca del futuro de la Web, así como del periodismo, o al menos del periodismo tal y como lo conocemos hasta hoy.

En la última década, la proliferación de avances en los buscadores, blogs, recopilatorios de noticias y redes sociales, sumada a una competencia feroz entre empresas, parece llevar hacia un caos absoluto de información, en el que el final del túnel aparece representado por una ex redactora del New York Times, Pinki Nankani, que comenzaría a partir del 2015 a ‘traficar’ con la información de sus vecinos. Algo así como la cotilla informatizada del futuro, con intereses profesionales de por medio, que se dedique desde su escritorio a terminar con el periodismo y la privacidad de los usuarios de Internet.

Sin embargo, no todo parece estar tan claro. De hecho, los creadores del vídeo, Robin Sloan y Matt Thompson, no hablan de este futuro como algo cierto o absolutamente esperable, pero sí apuntan que en las próximas décadas podríamos llegar a toparnos con situaciones similares. En cualquier caso, sus predicciones parecen bastante poco fiables, ya que hablar hoy por hoy del fin del periodismo no deja de ser un ejercicio bastante masoquista.

El periodismo no acabará por culpa de la proliferación de redes sociales o foros de opinión, y, aun perdiendo importancia, llegaría un momento en el que el caos informativo sería tal que la opinión pública se vería en la necesidad de recurrir a profesionales acreditados capaces de transmitir una información veraz y con la máxima objetividad posible.

 

Por otra parte, la especialización de los medios, e incluso de la publicidad, sí que podría plantear otra serie de dilemas más preocupantes. Por ejemplo: ¿Realmente es beneficiosa la especialización en cualquier campo? Y en caso de que lo sea, ¿beneficiosa para quién?

Con la creciente agrupación de las personas en categorías de gustos, preferencias, intereses y necesidades, por meros intereses publicitarios, lo que se podría terminar logrando en cuestión de unas pocas décadas es cultivar amplias generaciones de ignorantes. Personas ampliamente expertas en un determinado tema, pero carentes de cualquier tipo de información de un campo que no se ajuste a sus intereses previamente fijados en algún formulario.

 El público debe tener la oportunidad de acceder a los contenidos que más le interesen, e incluso se le debe facilitar en la medida de lo posible dicha tarea, pero ello no implica que se le deba alejar de informaciones que le proporcionen una visión general del mundo y lo que está ocurriendo en él.

Así, y sólo así, podremos conseguir que la gente esté informada y que las cosas funcionen poco a poco, ya que de lo contrario, con tanta especialización de contenidos, las personas podrían quedar reducidas a una masa desinformada, y, por tanto, fácilmente manipulable. Y esto, en principio, no debería interesarle a nadie.

Finalmente, Epic plantea el problema de la utilización de la red como una herramienta que posibilite el espionaje entre vecinos, y el robo sutil de información privada. Aunque no sea algo difícil de imaginar (de hecho, ya hoy en día existen varias redes sociales en las que la gente, por así decirlo, se dedica a vender su vida privada a cambio de obtener información similar de los demás), lo cierto es que cuesta imaginar ese mundo creado por Pinki Nankani, que tanto recuerda al universo de engaño y intimidad simulada recreado en “El show de Truman” (Peter Weir, 1998).

Puede que la sociedad, apegada a la tecnología desde hace años y de forma relativamente impuesta por el ritmo del mercado y el mandato consumista, avance progresivamente hacia un espacio de libre circulación de información, a pesar de que dicha información no sea siempre consentida o del todo consciente por parte de los cada vez más indefensos usuarios.

En cualquier caso, alguien que escriba en un foro, utilice una red social o lleve adelante un blog en Internet no se va a convertir en periodista de la noche a la mañana, ya que la información, por sí misma, exige respeto, comprobación, fuentes, capacidades comunicativas, juicio crítico, y, en definitiva, profesión.

 

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