Archive for 21 febrero 2009

h1

Inocencia morbosa

febrero 21, 2009

Los medios no son inocentes. Si algo ha demostrado la feroz competencia de audiencias especialmente en los últimos años, es que los medios están dispuestos a casi todo. La joven sevillana Marta del Castillo, desaparecida hace todavía menos de un mes, se ha colado en los hogares de miles de personas a través de imágenes, vídeos, testimonios, entrevistas, y, quizá lo más degradante, reconstrucciones de los hechos más que censurables realizadas por algunos medios que parecen carecer de cualquier tipo de ética profesional.

La recopilación morbosa y despiadada de información prescindible, rica en detalles propios del peor humor negro, sin embargo, no es algo nuevo. Así lo demuestran los seguimientos mediáticos realizados a propósito de anteriores casos de características similares en España. Sucesos como la matanza de Puerto Hurraco, en agosto de 1990; el secuestro y asesinato de las llamadas “niñas de Alcásser”, en enero de 1993; el brutal asesinato de la joven Sandra Palo, en mayo de 2003; y el reciente asesinato de la niña de Huelva Mari Luz Cortés, en enero de 2008, son los máximos y más cercanos precedentes de lo que ha ocurrido en los medios a propósito del asesinato de la joven sevillana.

Reportajes en las casas, reconstrucciones dramatizadas de los hechos, pasando por miniseries y todo tipo de entrevistas que buscaban hasta el más mínimo detalle del desenvolvimiento de la tragedia, son algunas de las perlas que los medios habían ofrecido hasta ahora en los anteriores casos, sumándose, en este último, la acción paranoica y absolutamente premeditada de las “campañas de búsqueda” realizadas en las redes sociales, especialmente la red Tuenti.

Desde la desaparición de Marta, el 24 de enero de este mismo año, esta red social se vio colapsada por la creación de todo tipo de eventos destinados a efectuar una búsqueda imposible de la joven, ya que, como se demostrara unas semanas después, su fallecimiento se había producido la misma noche de su desaparición.

 

Más allá de los usos policiales de la mencionada red social, se ha procedido a destripar las cuentas que tenían en la misma los relacionados en el caso, especialmente el de Miguel Carcaño, asesino confeso de la joven. Por tanto, el espacio mediático nacional ha sido testigo de diversas imágenes privadas de varios jóvenes, entre los que se encontraban varios menores de edad.

Así, cabe preguntarse, ¿dónde queda el derecho a la intimidad individual? ¿Hasta dónde están dispuestos a llegar los medios por acaparar audiencia? ¿Hasta dónde se extiende el deleznable morbo del público, ávido de conocer detalles del todo insignificantes, con el triste y único objetivo de poder horrorizarse un poco más?

La periodista Nieves Herrero asistió al desmoronamiento de su carrera profesional con su visita a Alcásser, donde realizó un programa especial en compañía de familiares y vecinos, para mostrar al público unos minutos cargados de lágrimas y gritos que pedían justicia (y en algunos casos hasta se atrevían a gritar en favor de la pena de muerte).

 Lo mismo podría (y debería) ocurrir ahora con presentadores como Ana Rosa Quintana o Nacho Abad, responsable del programa “Rojo y Negro” de Telecinco, que tuvieron el valor de llevar al plató a la actual novia del supuesto asesino, Miguel Carcaño, para que les relatara los detalles de los últimos días de convivencia con el joven. Independientemente de que esos detalles pudieran interesarle a alguien (espero que no), el resultado no dejó de ser, una vez más, vergonzante. El siguiente vídeo muestra la triste reconstrucción de los hechos ocurridos la tarde de la desaparición de Marta, realizados con mucha sangre fría por “profesionales” de Rojo y Negro:

Paralelamente, y pese a la acumulación de casos, la justicia no parece dispuesta a actuar eficazmente, debido en gran parte a un sistema judicial suave en exceso en la penalización de estos casos. Sin ir más lejos, uno de los asesinos de Sandra Palo, asesinada en 2003, ya se encuentra en libertad,  tras cumplir una ínfima condena de tan sólo cuatro años, pese a haber perpetrado un brutal asesinato en el que la víctima había sido torturada y quemada viva.

El debate sobre los medios continúa vigente. Hay quienes dicen que la culpa de todo la tienen los medios, otros dicen que la responsabilidad cae sobre el público que consume este tipo de contenidos, otros gritan por la justicia y algunos más callan asustados. Sin embargo, los casos se repiten y la situación continúa igual, e incluso empeora si tenemos en cuenta el activo papel desempeñado en este último episodio por la red social Tuenti.

 Enric González, en una columna de opinión publicada en “El País” el pasado 18 de febrero, afirma que “el seguimiento mediático no tiene nada que ver con el periodismo. Es espectáculo y entretenimiento, generalmente de mal gusto, pero no es periodismo”.

En definitiva, y aunque Enric González tenga razón, o al menos de forma parcial, lo que no se puede negar es que hasta los medios más serios, aún sin ofrecer detalles morbosos, sino dedicándose a la información pura y a su análisis, han formado parte del juego mediático establecido alrededor de una nueva tragedia, convirtiendo el suceso en un tema de interés nacional, y aprovechando de paso para desviar la atención de otros tema de mayor trascendencia para la población. Un simple vistazo al archivo digital de cualquier periódico nacional puede confirmar esta obsesión por la reciente tragedia:

¿Acaso conocemos de forma tan exhaustiva los detalles de la marcha de la crisis económica, o tenemos suficientes testimonios y entrevistas sobre el caso de corrupción destapado en el Partido Popular? No, claro que no, ya que resulta mucho más aconsejable que la gente pase la tarde revolviéndose en su asiento ante la reconstrucción de una tragedia puntual que conociendo los prolegómenos concernientes a aquellos que dirigen el país en el que viven.

Algunas de las fuentes a las que he recurrido para llegar a esta serie de conclusiones, además de las ya especificadas a lo largo del texto, han sido las siguientes:

http://www.youtube.com/watch?v=dmcbXJxvNQ8

http://es.wikipedia.org/wiki/Masacre_de_Puerto_Hurraco

http://es.wikipedia.org/wiki/Caso_Mari_Luz

http://mujeresonline.net/general/sandra-palo-un-caso-que-no-consigue-justicia-plena

http://es.wikipedia.org/wiki/Crimen_de_Alc%C3%A1cer

http://www.elpais.com/articulo/espana/Cientos/personas/arropan/Madrid/familia/Marta/Castillo/elpepuesp/20090221elpepunac_14/Tes

 

 

 

Anuncios
h1

El show de Google

febrero 15, 2009

 En plena era de la globalización y la invasión de intimidades (tanto de personas como de instituciones y empresas), Internet emerge como el mejor instrumento de acción y, por así decirlo, espionaje mutuo. Como la mirilla de la puerta de la vecina con rulos, bata de flores y zapatillas de andar por casa, Internet avanza más y más en la recopilación de todo tipo de información, ya sea interesante o no.

Usando a Google a modo de eficaz herramienta, la World Wide Web, creada y planteada por Tim Berners Lee para facilitar un sistema de libre circulación de información a nivel mundial, ha conseguido colarse atravesando una puerta tras otra de las muchas de este mundo occidental de amplias clases medias que han asumido sin rechistar lo que tantas veces se les ha repetido: “La tecnología es el futuro”.

El vídeo “Epic, ¿cómo será Internet hacia 2015?” propone una visión en cierto sentido apocalíptica acerca del futuro de la Web, así como del periodismo, o al menos del periodismo tal y como lo conocemos hasta hoy.

En la última década, la proliferación de avances en los buscadores, blogs, recopilatorios de noticias y redes sociales, sumada a una competencia feroz entre empresas, parece llevar hacia un caos absoluto de información, en el que el final del túnel aparece representado por una ex redactora del New York Times, Pinki Nankani, que comenzaría a partir del 2015 a ‘traficar’ con la información de sus vecinos. Algo así como la cotilla informatizada del futuro, con intereses profesionales de por medio, que se dedique desde su escritorio a terminar con el periodismo y la privacidad de los usuarios de Internet.

Sin embargo, no todo parece estar tan claro. De hecho, los creadores del vídeo, Robin Sloan y Matt Thompson, no hablan de este futuro como algo cierto o absolutamente esperable, pero sí apuntan que en las próximas décadas podríamos llegar a toparnos con situaciones similares. En cualquier caso, sus predicciones parecen bastante poco fiables, ya que hablar hoy por hoy del fin del periodismo no deja de ser un ejercicio bastante masoquista.

El periodismo no acabará por culpa de la proliferación de redes sociales o foros de opinión, y, aun perdiendo importancia, llegaría un momento en el que el caos informativo sería tal que la opinión pública se vería en la necesidad de recurrir a profesionales acreditados capaces de transmitir una información veraz y con la máxima objetividad posible.

 

Por otra parte, la especialización de los medios, e incluso de la publicidad, sí que podría plantear otra serie de dilemas más preocupantes. Por ejemplo: ¿Realmente es beneficiosa la especialización en cualquier campo? Y en caso de que lo sea, ¿beneficiosa para quién?

Con la creciente agrupación de las personas en categorías de gustos, preferencias, intereses y necesidades, por meros intereses publicitarios, lo que se podría terminar logrando en cuestión de unas pocas décadas es cultivar amplias generaciones de ignorantes. Personas ampliamente expertas en un determinado tema, pero carentes de cualquier tipo de información de un campo que no se ajuste a sus intereses previamente fijados en algún formulario.

 El público debe tener la oportunidad de acceder a los contenidos que más le interesen, e incluso se le debe facilitar en la medida de lo posible dicha tarea, pero ello no implica que se le deba alejar de informaciones que le proporcionen una visión general del mundo y lo que está ocurriendo en él.

Así, y sólo así, podremos conseguir que la gente esté informada y que las cosas funcionen poco a poco, ya que de lo contrario, con tanta especialización de contenidos, las personas podrían quedar reducidas a una masa desinformada, y, por tanto, fácilmente manipulable. Y esto, en principio, no debería interesarle a nadie.

Finalmente, Epic plantea el problema de la utilización de la red como una herramienta que posibilite el espionaje entre vecinos, y el robo sutil de información privada. Aunque no sea algo difícil de imaginar (de hecho, ya hoy en día existen varias redes sociales en las que la gente, por así decirlo, se dedica a vender su vida privada a cambio de obtener información similar de los demás), lo cierto es que cuesta imaginar ese mundo creado por Pinki Nankani, que tanto recuerda al universo de engaño y intimidad simulada recreado en “El show de Truman” (Peter Weir, 1998).

Puede que la sociedad, apegada a la tecnología desde hace años y de forma relativamente impuesta por el ritmo del mercado y el mandato consumista, avance progresivamente hacia un espacio de libre circulación de información, a pesar de que dicha información no sea siempre consentida o del todo consciente por parte de los cada vez más indefensos usuarios.

En cualquier caso, alguien que escriba en un foro, utilice una red social o lleve adelante un blog en Internet no se va a convertir en periodista de la noche a la mañana, ya que la información, por sí misma, exige respeto, comprobación, fuentes, capacidades comunicativas, juicio crítico, y, en definitiva, profesión.