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Woody: cine y vida de espectáculo

mayo 6, 2009

Nadie puede negar que Woody Allen es uno de los personajes del mundo cinematográfico y de las artes en general que más ha influido en el siglo XX y lo que llevamos del XXI. Con un total de 44 películas en su filmografía, Woody, prolífico director donde los haya, ha logrado crear un estilo propio. Dotando a sus películas de unos diálogos que rozan lo sublime, y creando alguna de las escenas más divertidas y míticas de la historia del cine, Woody ha dejado detrás un enorme legado.

 Sin embargo, no parece cansado de trabajar. A sus 74 años, continúa adelante con su agotador ritmo de película al año. La última en estrenarse, Vicky Cristina Barcelona, ha logrado una enorme notoriedad en España, desde las primeras noticias del rodaje hasta su resultado final, que se materialió en forma de estatuilla dorada para Penélope Cruz en la pasada noche de los Oscar. Y es que allí por donde pase Woody Allen, la emoción está servida. Y, en muchos casos, también la polémica.

Todos sabemos que, al margen de ser un extraordinario director, actor y guionista de películas, Woody también ha copado medios en relación a su tumultuosa vida personal, que ha sido en numerosas ocasiones salpicada por el escándalo al más puro estilo de las situaciones delirantes a las que nos tiene acostumbrado con sus historias. Sin embargo, el último gran escándalo de Woody, comenzado a principios de los noventa, ha adquirido matices más serios que ahora vuelven en forma de proceso judicial.

Woody Allen ha estado casado en tres ocasiones, ello sin contar las sonadas relaciones que ha tenido con algunas de las habituales musas de su cine, especialmente Diane Keaton, con la que ha logrado con los años volver a tener relaciones cordiales, y Mia Farrow, con la que la cosa no acabó tan bien. En palabras de Allen, que siempre ha demostrado una enorme capacidad para reírse de todo con elegancia, “Algunos matrimonios acaban bien, otros duran toda la vida” o “Prefiero que me incineren a que me sepulten y ambas cosas a un fin de semana con mi mujer”.

En este sentido, la polémica ha vuelto a salpicar a este maestro del séptimo arte debido a la demanda presentada por Woody contra la compañía textil American Apparel, que utilizó el año pasado una imagen antigua del director para realizar vallas publicitarias, lógicamente sin contar con el permiso del director. Allen exige a la empresa un total de 10 millones de dólares, y esta, que se niega a pagar una cantidad tan grande de dinero, ha contratacado a Woody con la amenaza de publicar entresijos ocultos de su vida sexual.

Estos escándalos, como era de esperar, estarían relacionados con la traumática separación del director de la que sería su pareja a principios de los años noventa, la actriz Mia Farrow, y, más concretamente, con el inicio de una relación con la hija adoptiva de esta, la asiática Soon Yi-Previn. La última hora sobre el acaso sitúa a Allen intentando, a través de sus abogados, que no se involucre ni a Farrow ni a Soon Yi en el juicio contra la empresa textil, argumentando que “la posibilidad de llamar tales testigos al estrado demuestran el inequívoco intento de transformar este juicio en un espectáculo”.

En definitiva, cabe decir que, en numerosas ocasiones, los grandes nombres de la industria cinematográfica asisten al transformamiento de su vida privada en un espectáculo. Sometidos a la presión de los medios, muchos se ven obligados a andar con pies de plomo cada vez que permiten que los medios se enteren de algo, especialmente cuando es relativo a su vida amorosa, tan tradicionalmente truculenta en los alrededores de Hollywood. Por su parte, Woody, poco habituado a ponerse demasiado serio, afirmaba tajante al respecto de la polémica, hace más de diez años: “Acusarme de haber abusado de una niña es una estrategia muy típica en estos casos y suele dar buenos resultados”.

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Reflexiones o simples comentarios

abril 29, 2009

El mundo de los blogs en Internet ha emergido en los últimos años como una auténtica revolución de la libre expresión. Considerados el punto de partida del llamado periodismo ciudadano, los blogs constituyen un espacio de reflexión y crítica, en los que los llamados bloggers pueden compartir sus inquietudes e informar u opinar sobre aquellos temas que consideren de interés.

En el ámbito español, el blog de Enrique Dans, conocido colaborador de diversos periódicos nacionales y profesor de sistemas de información, es uno de los más destacados dentro de su ámbito temático. Situado en el puesto número 8 del ranking elaborado en bitácoras.com, Enrique Dans realizó su primera publicación el 21 de febrero de 2003, en la que definía su temática en torno a la opinión y la investigación sobre sistemas y tecnologías de información y esperaba que con su blog “tengamos una experiencia interesante y nos lo pasemos bien”. A través de un trabajo minucioso y constante (publica prácticamente de forma diaria), Enrique Dans complementa su información enlazando a una variada selección de fuentes, además de incluir un listado de blogs recomendados, titulado “Cosas que leo”. Además, su blog no ha sido creado a través de una de las páginas especializadas en Internet, como blogspot o wordpress, sino que se puede acceder a él directamente en su página web, enriquedans.com.

Por otra parte, Denker Über es un glog realizado por Mariano Amartino, un consultor argentino que escribe sobre tecnología, estrategias y demás cosas de Internet, y que define su blog como “un simple weblog”. Amartino escribe con un estilo mucho más informal que el del anterior blogger, definiendo su trayectoria de la siguiente manera: “Mi carrera universitaria no tuvo ni tiene nada que ver con mi pasión por los usos de Internet y la tecnología”. Amartino se sitúa de esta forma en el puesto número 23 de bitácoras.com, publicando desde el 21 de noviembre del año 2001, en el que realizaba un post muy sencillo, en forma de comentario, titulado “Este post es el primero”.

Asimismo, Amartino, aun apostando por la sencillez y la apariencia de informalidad, incluye enlaces a una apreciable variedad de fuentes, así como un apartado de “blogroll” en el que recomienda a sus lectores otros diez blogs amigos, de lo cuales le mayoría le recomiendan también a él, constituyendo un anillo de blogs amigos, coincidentes de forma habitual en la temática de las publicaciones.

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Finalmente, alejados de la temática de las tecnologías de la información e Internet, nos acercamos a conocer otro blog más cercano a los gustos de un servidor. Es el caso de “El cinéfilo empedernido”, un blog perteneciente a la red de blogger y que está realizado por el periodista Ramón Avilés. Con muchas menos pretensiones que los anteriores, Avilés define su blog citando a Alfred Hitchcock: “Para mí, el cine son 400 butacas que llenar”. Sin recurrir a la mención de fuentes, el autor de este apasionado blog se limita a comentar novedades relativas al mundo del séptimo arte, ofreciendo avances de proyectos o recogiendo impresiones sobre los últimos estrenos. Al tratarse de un blog mucho menos reconocido, no aparece recogido en el ránking de bitácoras.com, y se limita a enlazar a diez páginas web sobre cine que considera de interés, y, a través de su perfil, a un blog amigo, titulado “Vidas paralelas“.

Además, como es un blog bastante joven (la primera publicación data de julio del pasado año), contabiliza un total de 180 visitas en su perfil, lo cual no es un resultado demasiado alentador, aunque la frecuencia de publicación (alrededor de una semana entre post y post) no muestra un interés mayor que el de compartir impresiones con otros apasionados del cine. Y es que, en el mundo de los blogs, podemos encontrar una gran variedad de tipologías, temáticas y objetivos, que, como es de esperar, pueden perseguir desde la investigación y la crítica reflexiva y concienzudamente elaborada, hasta el simple comentario.

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Hablando se entiende la gente

abril 27, 2009

La libertad de expresión es un derecho que nos parece incuestionable, y que, sin embargo, constituye uno de los máximos logros del sistema actual. Además, vivimos en una realidad en la que la gente experimenta cada vez con más frecuencia la necesidad de hablar y que le escuchen, de aparecer en algún medio, de salir del anonimato, de dejarse ver, de opinar.

En este sentido, Internet ha emergido en los últimos años como una herramienta única para “ponerse en contacto con el mundo”. Entre los múltiples usos de un medio que ha cambiado por completo el panorama de la comunicación, nos encontramos con el llamado periodismo ciudadano, que ha dado mucho de qué hablar, valga la redundancia, y que no se ha privado de generar polémica.

En un principio, el periodismo ciudadano debe sus inicios al uso cada vez más generalizado de los blogs en Internet, lo cual ha supuesto una auténtica revolución, ofreciendo la posibilidad de escribir y expresarse libremente, y asimismo, de difundir nuestros propios contenidos a cualquier usuario a través de Internet. Sin embargo, algo que no debería haber sido interpretado más que como un positivo avance, se ha convertido en motivo de disputas y temores.

 Una noticia publicada en marzo de 2003 en El País así lo expresaba, a propósito de la celebración del VII Congreso de Periodismo Digital: ¿Son los blogs periodismo? ¿Acabarán con los medios tradicionales? La primera tarde del VII Congreso de Periodismo de Huesca ha comenzado con un acalorado debate entre los periodistas José Cervera y Javier Monjas, en el que los asistentes al encuentro han participado a través de mensajería instantánea. Monjas  ha comenzado afirmando que el periodismo ciudadano no existe, a lo que Cervera respondía diciendo que está ahí, que los medios le temen y que es más democrático y eficiente”.

 En realidad no se trata de temer a nada, y menos a lo que libremente puedan expresar los usuarios. A pesar de que es cierto que los medios, gracias a Internet, han proliferado de forma cuantitativa en los últimos años, no tendría por qué establecerse esta competencia entre los medios periodísticos realizados por profesionales, y los medios que se basen en la participación más democrática. Así opinaba Vanessa Jiménez, directora de lainformación.com, en una entrevista realizada por un “periodista” de Periodismociudadano.com:

 Además, como se conoce comúnmente, hablando se entiende la gente, así que no tendríamos por qué sentirnos amenazados ante la idea de que se fomente que la gente se ponga a contar historias. Unos lo harán mejor y otros peor, pero, al margen de discusiones en cuanto al término, el periodista tradicional y profesional no tiene por qué sentirse amenazado ante esta situación, puesto es seguro que su labor seguirá siendo requerida y reconocida.

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La isla del corta y pega

abril 20, 2009

Cuba es una isla, y continúa siéndolo, no sólo en el aspecto geográfico del término. Fidel Castro ha vuelto a pronunciarse con fuerza a sus 82 años. El pasado 15 de bril de este mismo mes, Castro se dirigía en estos términos a Miguel Insulza, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA): “Él sabe que nosotros no queremos ni siquiera escuchar el infame nombre de esa organización. Insulza ofende incluso al suponer que Cuba desea ingresar en la OEA”.  Así quedaba recogido en soitu.es, de forma muy parecida a como ocurría en el Diario Público, puesto que ambos utilizan la misma agencia de noticias, EFE.

Sobra decir que algunos elementos de la noticia, y especialmente en lo que se refiere a citas textuales, no pueden (o, por lo menos, no deben) sufrir variaciones de un medio a otro. De esta forma, las declaraciones iniciales de Miguel Insulza, que dieron lugar a la contundente respuesta de Castro, aparecen publicadas en ambos medios digitales de forma idéntica: “Cuba debe expresar claramente su compromiso con la democracia si quiere regresar a la OEA, como demanda un creciente grupo de gobiernos latinoamericanos”.

Sin embargo, lo que llama especialmente la atención es que el cuerpo de la noticia aparezca en un medio y otro con grandes similitudes entre sí. ¿Es que resulta que ya los redactores han perdido todo atisbo de originalidad?

Por su parte, El País, que utilizó la misma sede de la agecia EFE  en La Habana como fuente para la noticia, parece haberse tomado la molestia de reescribir la noticia, o, al menos, alguna de sus partes. De esta forma, aunque podemos encontrar párrafos calcados a lo comentado en los otros medios, lo cierto es que aparecen algunas frases al comienzo de la noticia que parecen ser de cosecha propia, y que introducen el tema con cierta contundencia: “Fidel Castro no da tregua. En su tercer artículo en dos días, los dos anteriores dedicados al levantamiento de las restricciones de EEUU a las remesas y los viajes hacia su país, el expresidente cubano arremete contra la Organización de Estados Americanos (OEA), a la que califica de infame y basura”.

 Tales declaraciones explícitas de Castro, como era de esperar, aparecen recogidas fidedignamente en el periódico cubano Gramma, en una columna llamada “Reflexiones del compañero Fidel”. Sin embargo, se entiende que en este caso no se habrá llevado a cabo ningún tipo de elaboración de la noticia, al tratarse de un artículo firmado por el propio expresidente.

Ejemplos parecidos a lo anterior podríamos encontrar por todas partes. En cuanto a otro de los comentarios sonados del expresidente cubano, en el que criticaba el primer ministro británico Gordon Brown de “haber tratado con prejuicios a Obama por ser negro”, lo recogido por El Mundo vuelve a guardar importantes similitudes con lo ofrecido por su principal agencia, REUTERS.

En definitiva, en un mundo competitivo, en el que nos venden esa competitividad, nos hacen querer ser los mejores, esforzándonos día a día por dar más y más de nosotros mismos, ¿cómo vamos a sentirnos cuando, una vez sentados en una redacción, tengamos que enfrentarnos a la dramática cotidianeidad del corta y pega?

Las fuentes utilizadas han sido las siguientes:

http://www.elmundo.es/elmundo/2009/04/15/internacional/1239757102.html

http://www.soitu.es/soitu/2009/04/15/info/1239753423_979793.html

http://www.abc.es/20090415/internacional-iberoamerica/esta-preparada-cuba-para-200904150321.html

http://www.europapress.es/internacional/noticia-fidel-castro-acusa-gordon-brown-tratar-prejuicios-obama-cumbre-20-20090415082648.html

http://www.publico.es/internacional/218879/fidel/castro/dice/cuba/quiere/infame/oea

http://es.reuters.com/article/topNews/idESMAE53E00P20090415

http://www.elpais.com/articulo/internacional/Fidel/Castro/califica/infame/basura/OEA/elpepuint/20090415elpepuint_8/Tes

http://www.elcomercio.com.pe/noticia/272821/fidel-castro-anuncio-obama-cuba-resistira-no-pediralimosnas

http://www.whitehouse.gov/blog/09/04/13/Reaching-Out-to-the-Cuban-People/

http://www.granma.cubasi.cu/secciones/ref-fidel/art122.html

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Pasiones y desencuentros

abril 1, 2009

¿Qué ocurre exactamente con el cine español, que parece tener más detractores en su propia casa que fuera de ella? Considerado erróneamente un género cinematográfico, el cine español continúa generando multitud de polémica, como demuestran los revuelos que se forman ante los grandes estrenos de factura nacional.

Personalmente no he tenido todavía la ocasión de acercarme a las salas para ver “Los abrazos rotos”, la última película de Pedro Almodóvar, que, a pocos días de su estreno, ya se ha pegado un verdadero encontronazo con la crítica (española). Especialmente significativo ha resultado el caso de Carlos Boyero, que, el mismo día del estreno de la película, publicaría en El País una crítica de lo más despiadada que no sólo se dedicaba a destrozar cualquier tipo de interés por ver la película en el lector, sino que hacía un repaso a la carrera del director haciendo un no muy literario esfuerzo por desmitificarlo por completo.

Las frases más violentas se encuentran, precisamente, en los párrafos finales de su “crítica”:  “Y los sentimientos pretenden estar en carne viva, pero como si ves llover. Y lo que observas y lo que oyes te suena a satisfecho onanismo mental. Y no te crees nada, aunque el envoltorio del vacío intente ser solemne y de diseño. Y los intérpretes están inanes o lamentables. La única sensación que permanece de principio a fin es la del tedio. Y dices: todo esto, ¿para qué?”

Lo cierto es que, al margen de su evidente capacidad para ofender, y reconociendo que tampoco he sido nunca un gran fan del director manchego, me parece que escribir cosas como esta es pasarse un poco de la raya. No se trata de ser políticamente correcto a todas horas, y menos si eres crítico de cine, pero Boyero, con sus palabras, no puede evitar dejar al descubierto su implicación personal en lo que escribe, ya que no parece que analice, sino que juzgue impunemente.

 Todos sabemos que Almodóvar, pese a haber levantado muchas pasiones con su cine en España desde sus inicios como director, podría considerarse en este país un personaje amado y odiado a partes casi iguales. En el año 2005, sin ir más lejos, la polémica de la gala de los Goya se centró precisamente en su no asistencia, motivada por su abandono de la academia, junto a su hermano Agustín Almodóvar, producida en diciembre del año anterior.

 

Según argumentaron, no estaban en absoluto de acuerdo con el sistema de votación de los premios, modificado un par de años atrás, y, además, criticaron la “histórica falta de generosidad” que la academia española había tenido desde siempre con el realizador. “La mala educación“, con cuatro nominaciones, se había ido de vacío en la noche en la que había barrido los premios la película de Alejandro Amenábar, “Mar adentro”.

Personalmente, creo que existe una brutal diferencia cualitativa entre ambas obras, en favor de la película de Amenábar, y, además, no me sorprenden hechos como este debido a que, como es sabido por todos, la relación de Almodóvar con la Academia de Cine ha dado mucho de qué hablar en las últimas dos décadas.

En contraposición a la bofetada patria, la crítica internacional, históricamente más propensa a alabar la labor de Almodóvar que sus propios compañeros españoles, ha aplaudido de forma prácticamente unánime el nuevo trabajo del director. Así lo demostraba, por ejemplo, la revista Variety, que dedicaba el 23 de marzo un reportaje al estreno de la película, en el que la calificaba de “inquieta, francamente entretenida, y de un trato visual exquisito”.

 

En definitiva, el cine español, por mucho que cueste reconocerlo, goza de un prestigio internacional que ha ido en aumento en los últimos años. Esto se debe, precisamente, a la labor de muchos directores, entre los que destaca Pedro Almodóvar por su capacidad de exportar sus pasiones a una gran cantidad de países, convenciendo con sus historias y personajes plagados de secretos y recovecos emocionales a la crítica y el público. Al margen de que nos gusten o no sus películas, deberíamos, al menos, ser capaces de admirar esa capacidad de crear un lenguaje universal capaz de inspirar a gente de lugares tan lejanos del planeta.

Muchos hablarán eternamente de la crisis de nuestro cine. Dirán que que el cine ya no es lo que era, que no podemos competir contra las grandes producciones, que lo único que hacemos es intentar copiar a otros, y que encima lo hacemos mal…Sin embargo, si algo demuestran productos de directores como el que nos ocupa, es que aquí todavía tenemos muchas historias que contar, y muchas formas distintas de hacerlo. Además, y si algo nos ha demostrado el director, es que las más bajas pasiones desatan, de forma irremediable, otras pasiones que pueden llegar a ser aún más bajas.

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El futuro mediado

marzo 29, 2009

El debate sobre el futuro de la prensa se muestra tan inevitable como la transformación del propio sector de las comunicaciones en los próximos años. Este cambio, producido de forma progresiva pero a gran velocidad, está inclinando decisivamente la balanza en favor de los medios y los contenidos digitales. Una nueva era de la comunicación basada, en primer lugar, en el cambio de los soportes de la información.

 Según un vídeo publicado por Microsoft Office Labs, el futuro está en la combinación de las ventajas de los periodistas, robots y lectores, en lo táctil, en las pantallas flexibles interactivas, y, en definitiva, en lo digital. Además, en el vídeo se apuesta por la desaparición de los medios impresos, exceptuando el caso de los gratuitos, así como de periódicos impresos que sepan adaptar sus contenidos a las nuevas demandas de información de los usuarios.

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Esta visión un tanto apocalíptica del papel debe, sin embargo, ser matizada. Aunque la realidad actual sugiere con firmeza que el futuro de la prensa escrita augura un final inminente, en favor de las versiones digitales de los periódicos, lo cierto es que no todo el mundo termina de estar de acuerdo en esta cuestión, o, cuanto menos, no se encuentra conforme con esta nueva realidad.

 Según Juan Varela, reconocido blogger y ganador del premio The Bobs-Deutsche Welle al mejor Weblog Periodístico en Español 2004 por su aclamado blog Periodistas21, la voluntaria salida de Mario Tascón del grupo Prisacom se debe precisamente a una incapacidad de aceptar las nuevas fronteras que afronta el oficio de la comunicación: Tascón, poco partidario de la integración de redacciones, no pudo soportar el empuje de redacciones como las de El País en las que llegaba la hora de pensar en internet como plataforma esencial del periodismo del futuro y no sólo como una extensión digital de los diarios”.

En contraposición, la postura de Varela al respecto se muestra bastante distinta a la de Tascón. De hecho, es miembro de un equipo de cinco afamados bloggers que han trabajado en la escritura del primer libro dedicado a los blogs, en el que se apuesta por la conversación en internet, forma de definir la verdadera función de los blogs, como medio para revolucionar medios, empresas y ciudadanos.

Además, en su blog, apuesta abiertamente por la era del Periodismo 3.0, basado en la socialización de la información. Una nueva realidad mediática en la que los ciudadanos jueguen un papel más importante que nunca en la transmisión de la información, mencionando incluso una apropiación de los flujos de la información por parte de los ciudadanos más activos.

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En la línea de Varela, un reportaje publicado en El País en agosto de 2008 llamado “La inevitable renovación de los periódicos”, considera que “más que esperar a morir, los periódicos tendrán que esperar a adaptarse”, según las reglas del fenómeno conocido como mediamorfosis. Además, según el artículo, la demanda de información por parte de los usuarios es cada vez mayor, y la gente está más informada que nunca gracias a los milagros de Internet. Por si fuera poco, se reivindica la necesidad de integración de las plantillas, que elaboren contenidos independientemente del soporte, y se alerta sobre el peligro de amarillismo que supone la lucha por la inmediatez.

En definitiva, el incierto futuro de la prensa escrita en particular, y del mundo de la información en general, se irá resolviendo de forma rápida e inminente en los próximos años. Probablemente muchos periódicos desaparecerán, creándose otros nuevos, y se mantendrán las ediciones impresas de aquellos que sepan ofrecer lo que los lectores más fieles demanden, a través de la transformación de los contenidos.

Si las versiones digitales de los periódicos, acogedoras de la publicidad, son capaces de encargarse de forma eficaz y responsable de la información más fresca y de última hora, sus correspondientes ediciones impresas podrán satisfacer las necesidades de aquellos que busquen leer reportajes largos, elaborados concienzudamente y ricos en fuentes, detalles y alusiones de todo tipo, tal y como ya se hace hoy en día con las ediciones dominicales de muchos periódicos. Por tanto, no queda más remedio que adaptarse, aprendiendo a diferenciar las funciones comunicativas de los distintos medios, pero, irremediablemente, en el marco de un futuro que será, ante todo, mediado.

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Crónica de una injusticia artística

marzo 24, 2009

Si algo demuestran cada año los meses previos a la celebración de la gala de los Oscar, es que los resultados de dicho certamen se encuentran siempre sujetos a todo tipo de sorpresas. Ni las encuestas, ni las opiniones de la crítica, ni la recaudación en taquilla, ni el revuelo que pueda levantar una determinada película, aun siendo fieles indicadores de su posterior éxito en el Kodak Theatre, pueden asegurar en último término un considerable número de estatuillas doradas en la gran noche del cine.

 

Los ejemplos abundan por todas partes en la historia de los Oscar, sin necesidad de irse muy lejos a buscarlos. En 2006, la historia de amor entre dos rudos vaqueros retratada magistralmente por Ang Lee, “Brokeback Mountain”, película que consiguió arrancar multitud de reacciones contrapuestas a lo largo y ancho del planeta, parecía la favorita indiscutible tras su arrollador triunfo en la noche de los Globos de Oro, la llamada antesala de los Oscar.

 Una notica de El País, con fecha del 17 de enero de ese mismo año -publicada tras conocerse la repartición de los “globos”-, así lo atestiguaba. Sin embargo, la noche del 5 de marzo, el tiempo pareció congelarse por unos instantes cuando Jack Nicholson, con un extraña expresión de decepción en su rostro, pronunciaba la palabra de la polémica: “Crash”.

La película de Paul Haggis, estrenada casi un año antes en Estados Unidos, había obtenido una victoria rumoreada en los pasillos, pero que pocos se habían atrevido siquiera a sugerir en voz alta. Con una diferencia de taquilla de más de 12 millones de dólares a favor de la película de Ang Lee, según datos de www.cineol.net, y después de haber levantado infinitas veces menos revuelo en la opinión pública -a pesar de tratar el conflicto racial en la ciudad de Los Ángeles-, Crash se alzó finalmente con la preciada estatuilla. Además, el apoyo de la crítica hacia la película de los vaqueros había sido prácticamente unánime hasta la noche de la entrega de premios, postura que, sin embargo, se vio relativizada tras el inesperado fracaso de la cinta.

 

Algo parecido había ocurrido el año anterior, cuando Scorcese pegó muchas vueltas en su butaca mientras Clint Eastwood le arrebataba uno a uno los premios que parecía tener tan cerca, llenando una vez más su estantería de premios con “Million Dollar Baby”, una película que se coló en las nominaciones en los últimos momentos, y que contaba con el firme apoyo de la crítica, algo que, particularmente, no he podido terminar de entender.

Esta última edición de los Oscar, en concreto la número 81 de la historia de los premios, no estuvo exenta de sorpresas. Sin embargo, algunos de los olvidos más sonados no esperaron a producirse la propia noche de la gala, sino que llegaron anteriormente, con el conocimiento de las nominaciones. A grandes rasgos, la producción que se dio con la puerta en las narices fue en este caso “Revolutionary Road”, cuarta película de Sam Mendes, aclamado director de la magnífica “American Beauty”.

Contando con una historia que diseccionaba dramática y magistralmente el tedio de una pareja de los años 50, con unas más que brillantes interpretaciones de Leonardo Dicapio y Kate Winslet, con un guión bien articulado y contenido, y unos secundarios de oro, esta película, una de las más esperadas del año, se tuvo que conformar con un total de tres nominaciones, de las que no ganó ninguna.

Muchas pueden haber sido las razones de un fracaso tan sonado como inesperado. Entre las más importantes, el poco respaldo que obtuvo la película por parte de la crítica, aunque esta no se mostrara en absoluto unánime, como demuestran algunas valoraciones tan entusiastas como la publicada en Notasdecine. Algunos dirán que es mala suerte, que son cosas que pasan, que Sam Mendes se encuentra prácticamente en el inicio de una carrera que empezó brillante, y que proporcionará joyas aún mayores.

 Otros, sin embargo, y entre los que me sitúo con absoluta convicción, hablarán de lo que ha sido una nueva  injusticia artística, producto de la ingenuidad del espectador, de los prejuicios y los falsos tópicos de los críticos que, una vez más, han conseguido calar en la decisión de los cada vez más perdidos votantes. En cualquier caso, y tal y como ha demostrado la historia del cine, el valor de una obra cinematográfica no se mide por el número de premios que recibe en primera instancia, sino por su capacidad para perdurar en el tiempo, llegando, de esta forma, a convertirse algún día en todo un clásico del séptimo arte.